top of page

"Autismo, palabras y miradas: comprendiendo la diversidad más allá del diagnóstico"



Niño con autismo mirando por la ventana
Niño con autismo mirando por la ventana

Hablar de autismo implica hablar de diversidad.

De tantas formas de ser, sentir, comunicar y estar en el mundo, que resulta imposible encasillar en una sola definición.


Las palabras que usamos para hablar del autismo construyen identidad y transforman miradas. son esas palabras que elegimos al hablar del autismo no son neutras: tienen el poder de construir identidad, validar experiencias o, por el contrario, reducir y herir. Comprender esto es el primer paso para avanzar hacia una cultura más empática, informada y verdaderamente inclusiva.


“Autista”, “con autismo” y “Asperger”: por qué las palabras importan


Durante años se promovió el uso de expresiones como niño con autismo o persona con autismo, siguiendo lo que se conoce como lenguaje person-first (primero la persona). La intención detrás era positiva: resaltar que el diagnóstico no define a la persona, sino que es solo una parte de su identidad.


Sin embargo, con el tiempo, muchas personas dentro del espectro comenzaron a preferir llamarse autistas. Este enfoque, llamado identity-first (primero la identidad), parte de la idea de que el autismo no es algo externo o añadido, sino una forma integral de ser y experimentar el mundo. Así como decimos “soy costarricense” o “soy zurdo”, muchas personas autistas sienten que decir “soy autista” es simplemente reconocer su manera natural de percibir, procesar y vivir la realidad.


Desde esta perspectiva, decir tiene autismo puede sonar como si el autismo fuera algo que le ocurrió a alguien, algo que se porta o se padece. Pero el autismo no se tiene: se es y se vive desde la identidad, la neurología y la experiencia cotidiana.


En este mismo debate, el término Asperger, aunque ya no se considera un diagnóstico clínico independiente desde la publicación del*DSM-5 en 2013, sigue teniendo un valor emocional y social para muchas personas que crecieron identificándose con esa palabra. Hablar con respeto sobre estas diferencias es parte de reconocer que no todos los caminos dentro del espectro son iguales, ni deben ser nombrados de una sola manera.


Cómo hablar del autismo desde la neurodiversidad


La noción de neurodiversidad surge como un movimiento social, científico y cultural que desafía la idea tradicional de “normalidad”. Propone que las diferencias neurológicas —como el autismo, el TDAH o la dislexia— no son trastornos que deben corregirse, sino variaciones naturales del cerebro humano.


Así como la biodiversidad enriquece el planeta, la neurodiversidad enriquece nuestra sociedad, ampliando las formas de pensar, sentir, crear y resolver problemas. Bajo esta mirada, las personas autistas no necesitan ser “normalizadas”, sino entendidas y acompañadas desde sus propios modos de funcionamiento.


El cambio es profundo: pasar de ver el autismo como un “déficit” o “limitación” a comprenderlo como una forma distinta de procesar la información, vincularse y comunicarse. Y ese cambio no es solo semántico: transforma el tipo de apoyo, la relación terapéutica, la educación y, sobre todo, la mirada social.


Del diagnóstico al acompañamiento: el enfoque neuroafirmativo


El enfoque neuroafirmativo nace precisamente de esta comprensión. Busca que las intervenciones terapéuticas, educativas y familiares no pretendan “corregir” la diferencia, sino acompañarla desde la aceptación y la validación.


Ser neuroafirmativo implica:


- Escuchar las voces autistas, no solo hablar sobre ellas.

- Priorizar la autonomía, la autorregulación y el bienestar emocional por encima del cumplimiento de normas o expectativas sociales.

- Entender que el comportamiento comunica, y que detrás de cada conducta hay una necesidad o una forma de procesar el entorno.

- Cambiar la pregunta de ¿cómo lo hacemos parecer típico? por ¿cómo lo hacemos sentirse seguro, comprendido y parte?


Cuando las terapias, las escuelas y los entornos familiares adoptan esta mirada, la intervención deja de ser correctiva y se vuelve respetuosa, basada en la conexión y la confianza.

No se trata de “arreglar” el autismo, sino de crear contextos donde las personas autistas puedan desarrollarse plenamente, con sus ritmos, intereses y formas únicas de comunicación.



Mirar diferente, acompañar mejor


Las palabras importan porque definen cómo miramos la diferencia. Cuando dejamos de hablar del autismo desde el miedo, la corrección o el déficit, y comenzamos a hacerlo desde la comprensión, la empatía y la aceptación, abrimos la posibilidad de un cambio real.


Reconocer la neurodiversidad y actuar desde un enfoque neuroafirmativo no es una moda: es una responsabilidad ética y humana. Significa comprender que la inclusión no empieza en el aula ni en la terapia, sino en el lenguaje, en la forma en que nombramos y entendemos a cada persona.



Autor: Max Terán

Especialista en Autismo y Director Clínico de Kallpa, Costa Rica

www.maxteran.com - Instagram: maxteran_terapeuta

 
 
 

Comentarios


bottom of page